QUATTRO 50 PIZZA & BAR
Nápoles · 1998 → Bogotá · Hoy
No hemos cambiado una sola proporción desde que el bisabuelo Vincenzo cultivó la primera masa madre. Porque la prisa es el único enemigo de lo excepcional.
No somos un restaurante de moda.
Somos una obsesión que lleva un siglo sin resolverse.
En 1998, Vincenzo Ferrante plantó en tierra napolitana una semilla invisible — un cultivo de levaduras salvajes que se alimentaría de harina y agua cada día sin excepción. Hoy, esa misma entidad biológica respira bajo nuestro techo en Bogotá, viajó protegida en un jarrón de terracota a través del Atlántico, y ha sido dividida y alimentada por cuatro generaciones de manos que se negaron a usar atajos.
La pizza napolitana auténtica no es una técnica. Es un acto de fe. Cada disco de masa que sale de nuestras manos ha fermentado exactamente 72 horas, se ha cocido en exactamente 90 segundos a exactamente 450°C sobre piedra volcánica del Vesubio, y ha sido construido con ingredientes que tienen su origen certificado en la Campania italiana. No hay sustitutos. Nunca los hubo.
Cada capítulo, una decisión que definió quiénes somos hoy.
Don Armando Rossi abre la trattoria original en Chapinero Central, con un horno de ladrillo construido por sus propias manos. La margherita costaba la mitad de un jornal.
La segunda generación traslada la pizzería a la Zona G, calle 90 #17-31. Se incorporan las masas de larga fermentación y un horno napolitano certificado.
En plena pandemia, Quattro 50 reinventa su cocina: nace el servicio a domicilio con pizzas que llegan crujientes, y el bar se consolida como coctelería de autor.
Con más de 25 pizzas en carta, pastas hechas a mano y una terraza vibrante, seguimos honrando la promesa: el fuego nunca se apaga, la tradición evoluciona.
Haz clic en cualquier imagen para explorarla — arrastra para ver más.
Hay restaurantes que fabrican comida. Nosotros fabricamos convicciones. Estos son los tres principios que nunca hemos negociado en 100 años de historia.
Nuestro horno de leña, corazón incandescente de la casa, alcanza los 450°C para abrazar cada pizza con la llama viva de la tradición napolitana. Aquí el fuego no se imita; se venera.
Harinas italianas, fermentación lenta y una hidratación precisa dan vida a una masa ligera, alveolada y de bordes generosos. Es el lienzo sobre el que pintamos sabores.
Seleccionamos ingredientes de origen: tomates San Marzano, mozzarella de búfala, embutidos artesanales. Cada mordisco viaja a Italia sin salir de Bogotá, porque el sabor no admite atajos.
Tres décadas alimentando almas con fuego, masa y memoria.Conoce nuestro arte →